TRADUCIR IDIOMAS ALIENÍGENAS

¡El tema de hoy parece un disparate! Ni siquiera tenemos la certeza de que existen seres extraterrestres, si existen o no… Es todo un debate. En mi opinión personal sí creo que existen y que maravilloso sería podernos comunicar con ellos. Bueno, eso pienso yo.

Ninguna agencia de traducción cuenta con el traductor profesional idóneo para en un dado caso, traducir de un idioma alienígeno a uno de los 7,000 idiomas conocidos en nuestro planeta o viceversa.

Pero, ¿sería necesaria la traducción? ¡Por supuesto que sería necesaria! Si entre los terrícolas no podemos entendernos dado a las barreras lingüísticas ¡imagínate con un extraterrestre!

Las lenguas alienígenas, es decir, las lenguas de seres extraterrestres, son un tema hipotético, ya que hasta ahora no se ha encontrado ninguna. La investigación en estas lenguas hipotéticas se denomina exolingüística, xenolingüística o astrolingüística. La cuestión de la forma que pueden adoptar las lenguas alienígenas y la posibilidad de que los seres humanos las reconozcan y las traduzcan han formado parte de los cursos de lingüística y de estudios de idiomas, como los impartidos en la Bowling Green State University (2001).

Desde que se inició la exploración del espacio hubo diferentes intentos de comunicación con seres inteligentes de otro planeta. La primera fue registrada el 19 de noviembre de 1962 cuando científicos de la antigua Unión Soviética enviaron un mensaje en morse desde el Radar Planetario Evpatoria – situado en Crimea – en dirección a Venus, con la palabra MIR (“paz” y “mundo” en ruso) y luego las palabras LENIN y CCCP (el acrónimo ruso de la URSS).

El 2 de marzo de 1972, se intentó entrar en contacto con la vida extraterrestre con el lanzamiento de la nave espacial Pioneer 10. Este vehículo espacial fue diseñado para explorar el entorno de Júpiter, junto con asteroides, vientos solares y rayos cósmicos. Entre una sucesión de primicias logradas por la nave espacial, el Pioneer 10 alcanzaría la velocidad suficiente para escapar del sistema solar. En la nave se incluía una placa de aluminio anodizado en oro donde se grabó lo que podemos ver en la imagen.

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En la placa se indicaba que la nave provenía del planeta Tierra, un hombre y una mujer desnudos estaban representados, y se incluían ciertos datos científicos para demostrar que, después de todo, los terrícolas no somos ignorantes.

Carl Edward Sagan, astrónomo, astrofísico, cosmólogo, escritor y divulgador científico estadounidense, fue el encargado de diseñar lo que podríamos considerar el texto. Sagan transmitió la idea a la NASA, y para su sorpresa, la sugerencia fue aceptada y aprobada por todos los niveles de la jerarquía. Para ello se basó en el átomo de hidrógeno, el más abundante en el universo (y que algunos alienígenas, serían capaces de reconocer) y en la numeración del sistema binario.

En el centro de este mensaje se encuentra un concepto fundamental que establece un estándar de distancia y tiempo. El hidrógeno, como el elemento más abundante en el cosmos, sería uno de los primeros elementos en ser estudiado por una civilización. Con esto en mente, inscribieron dos átomos de hidrógeno en la parte superior izquierda de la placa, cada uno en un estado de energía diferente. Cuando los átomos de hidrógeno cambian de un estado energético a otro un proceso llamado transición hiperfina libera radiación electromagnética. La longitud de onda (aproximadamente 21 centímetros) sirve como una medida espacial, y el período (aproximadamente .7 nanosegundos) sirve como una medida del tiempo. El último detalle de este esquema entre los átomos de hidrógeno entre estos valores de distancia y de tiempo es el número binario 1.

El hombre fue representado con el brazo doblado y mostrando la palma de la mano, un saludo internacional, pero que, ciertamente, puede carecer de sentido para una civilización extraterrestre. Al respecto surgieron muchas críticas por parte de la comunidad científica, pues decían que este saludo representaba el saludo Nazi y que podía poner en peligro al planeta pues lo extraterrestres podían interpretarlo como algo amenazante. La mujer con los brazos caídos a los lados y se para con su peso desplazado hacia atrás para disipar cualquier malentendido con respecto a la posición fija del cuerpo y de las extremidades; quería decir que somos móviles y flexibles. Junto a las ilustraciones de los humanos está el número binario 8, que indica la altura de la mujer. La civilización podría entonces concluir que la mujer tiene 8 unidades de altura, siendo la unidad la longitud de onda (21 centímetros) descrita por la clave de transición hiperfina; por lo tanto, la mujer tiene 8 veces 21 centímetros, o unos 5.5 pies de altura.

En el centro de la placa había una serie de líneas y guiones, una dirección cósmica en la letra interestelar. Los radios radiales significaban las distancias y direcciones relativas a los púlsares, estrellas de neutrones que giran rápidamente y emiten radiación electromagnética a intervalos regulares. Acompañando a cada línea está el período del respectivo pulsar-una vez más, en binario.

Este “mapa” no sólo comunicaba la posición, sino también el tiempo, una época en la vida del universo durante la cual se envió el mensaje. Como confirmación adicional de nuestro planeta, los planetas de nuestro sistema solar (nueve en ese momento) fueron representados en el margen inferior de la placa con sus respectivas distancias al sol en binario.

La misión del Pioneer 10 fue llegar hasta el planeta Júpiter y desde allá envió las mejores imágenes hasta entonces de la atmósfera del planeta. Pero se buscaba también obtener algún tipo de comunicación con las civilizaciones extraterrestres.

Se dice que después de 1997, la débil señal del Pioneer 10 continuó siendo rastreada por la Red del Espacio Profundo. La última señal fue recibida cuando estaba a doce mil millones de kilómetros de la Tierra. El intento por contactarla el 7 de febrero de 2003 no fue exitoso. Un último intento fue realizado la mañana del 4 de marzo de 2006, la última vez que la antena estaría correctamente alineada con la Tierra, sin embargo no se recibió respuesta alguna del Pioneer 10. En la actualidad según los informes científicos, la nave se dirige hacia la estrella Aldebarán, en la constelación de Tauro, adonde llegará dentro de 1.690.000 años.

De momento,  nos preguntamos cómo sería encontrar vida en otro lugar del cosmos y hacer el primer contacto. Este es el tiempo antes de ese gran descubrimiento, y habrá un tiempo después como ha sucedido en todo a lo largo de la historia.  Tal vez en un futuro cercano, o tal vez en uno más lejano, será común mantener conversaciones con extraterrestres y sobre todo aprender a  entender sus mensajes.

Todo lo que sabemos hasta ahora es que sí existe la vida extraterrestre según lo aseguran muchos científicos, investigadores, astrónomos, ufólogos, arqueólogos, entre tantos otros especialistas que dedican muchísimo tiempo y arduo trabajo en tratar de encontrar respuestas para la humanidad y probar sus hipótesis. Sin duda también está la participación de los lingüistas como traductores e intérpretes. Así como la piedra Rosetta es tan emblemática, resultado de años de esfuerzos en descifrar y traducir su contenido, también se necesita de los traductores para intentar descifrar los jeroglíficos, presuntamente extraterrestres, que se pueden encontrar en sitios como  las pirámides de Egipto, Stonehenge, círculos de los cultivos (crop circles) o las Líneas de Nazca. Todo esto hasta este día es un misterio fascinante.

Exista o no la vida extraterrestre, tengamos un día comunicación con ellos, no lo sabemos, cierto es que desde los inicios, la traducción ya juega un papel importante: traduciendo documentales, artículos periodísticos, reportes científicos, películas de ficción, ¡no importa! Sean puras especulaciones o sean noticias de avances científicos… ya los traductores se ocupan de los extraterrestres también.  A lo mejor la comunicación no será una actividad basada en palabras y frases, a lo mejor se tendrían que “traducir” codificaciones encriptadas quizás en distintas frecuencias a las conocidas. Sea como sea, este gran avance sería un legítimo proceso de traducción.

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